martes, 23 de octubre de 2007

Perorrubio: iglesia románica de San Pedro Ad Vincula





'En el principio fue la Sorpresa
y después vino el Contraste,
luego surgió la Oscilación
con ella la Distribución
y después la Pureza
que es el Final'
[Paul Valéry: 'Salmo S']

Situada dentro del término municipal de Perorrubio, al pie mismo de la carretera que, atravesando el pueblo, se dirije a la cercana población de Duratón, y algunos kilómetros más allá, a la hermosa villa de Sepúlveda, la iglesia románica de San Pedro ad Vincula -siglo XIII- ofrece digno testimonio de ese espectacular estilo románico, característico de ésta zona de la provincia de Segovia. Cerrada a cal y canto -excepto algunos sábados por la tarde, en los que se desplaza el párroco de una cercana población a celebrar la misa con los feligreses de Perorrubio, según me comentaron los vecinos en una de mis últimas visitas- una simple ojeada a su exterior resulta más que suficiente para darse cuenta inmediatamente de la extraordinaria belleza artística, simbólica y cultural que subyace entre sus centenarias piedras. No en vano, y con total justificación y merecimiento, está declarada como Monumento Histórico Artístico, conservando en razonable buen estado su estructura original, aunque resulta oportuno destacar algunos elementos que fueron añadidos con posterioridad, entre los que cabe reseñar la torre, la sacristía, el baptisterio y la trastera. Precisamente, a consecuencia de ésta última, hubo que cerrar el costado occidental de la galería.
Digna de comentario, así mismo, es la belleza de la galería porticada, que alberga seis arcos sobre columnas dobles de capiteles de excelente elaboración, a los que hay que añadir, también, el capitel de ingreso.
De los capiteles, se puede comentar el excelente estado de conservación en el que se encuentran, siendo éste de verdadero privilegio en aquellos cuyos motivos representan hojas de acanto, artísticamente elaboradas, cuya delicadeza induce a conectarlos con la mano artesana que elaboró aquellos otros que se pueden admirar en algunos templos de la región.
Con referencia a ellos, se puede apreciar una variada representatividad gráfica, que obsequia al observador con elementos tales como leones y aves, aunque, sin duda, constituye una pieza de especial relevancia aquella en la que se aprecia a dos demonios arrastrando al infierno a un condenado, motivo común que también puede admirarse en otras iglesias de la época.
La antigua puerta de acceso a la galería, situada en el flanco occidental, se encuentra tapiada en la actualidad, aunque todavía se aprecia una típica arquivolta con dibujos en zig-zag.
Mención especial, merecen, por otra parte, los pequeños capiteles del único ventanal del ábside, donde puede contemplarse una pareja de sirenas de dos colas -idénticas a las que se localizan en los capiteles del lado derecho del pórtico de entrada a la iglesia románica de Nª Sª de la Asunción, en Duratón- las cuales -dada su relación con el elemento acuático- pueden evidenciar la existencia de varias corrientes subterráneas de agua o verificar -apoyo las teorías que defienden que los emplazamientos nunca se elegían al azar- la probable localización de fuerzas telúricas en el lugar.
Opinan los expertos, y así lo ponen de manifiesto en numerosas guías y ensayos relacionados, que en este templo se combinan maestros e influencias de diversa índole. No es de extrañar, por tanto, que el maestro cantero que trabajó en el ábside de la iglesia de San Miguel, en Fuentidueña -recordemos la malograda iglesia de San Martín, en ruinas actualmente, pero cuyo impresionante ábside decorado se trasladó piedra a piedra a los Estados Unidos a cambio del retorno de algunas de las exquisitas pinturas de la ermita de San Baudelio de Berlanga, las cuales hoy día se pueden contemplar en el Museo del Prado- dejara, también, su impronta en los canecillos de la portada y cabecera de este templo, vinculado a la figura de San Pedro. En el caso de dicho maestro, puede rastrearse su huella en otros templos de la región, como, por ejemplo, los que hay en las poblaciones de Santa Marta del Cerro, Sotillo y Duratón.
Pero en San Pedro ad Vincula, como en la gran mayoría de templos románicos cuya eclosión constituyó, sin duda, un inmenso foco de sabiduría que elevó a cimas culturales increíbles la pobre herencia espiritual y cultural de la época visigótica, existen, también, los suficientes enigmas como para que cualquier investigador dedique muchas horas de su tiempo, persiguiendo la siempre escurridiza quimera de intentar desvelarlos con mayor o menor acierto, o, en su defecto, llegar a intuir parte de su auténtico mensaje.
No deja de ser un genuino 'cubo de Rubick mental' -metafóricamente hablando, desde luego- el hecho de indagar en sus primigenios orígenes, en un intento -la mayoría de las veces, hay que reconocer que infructuoso- por arañar parte de las claves; por conseguir un pedazo, aunque sea irrisorio, del enorme pastel simbólico, tradicional y cultural, que conforma el más impenetrable de los secretos que subyacen en su trasfondo: su probable naturaleza esotérica.
No es menos cierto, también, que en muchas ocasiones dicha naturaleza esotérica bebe de fuentes poco reconocidas por la eclesialidad oficial, como son los Evangelios Apócrifos, así como también de ritos y religiones ancestrales, lo cuál acrecienta, aún más, los intentos serios de interpretación y se presta, lógicamente, a la conjetura y la polémica.
El tema, pues, lo dejaremos momentáneamente apartado, para retomarlo en mejor ocasión, y nos centraremos en algunas evidencias simbólico-representativas, en un intento de exponer ciertas impresiones, que siempre serán, a la postre, motivo de discusión.
En primer lugar, observando las cruces -profundamente grabadas- que se encuentran en las columnas que soportan los capiteles del pórtico de entrada, puede parecer evidente la presencia en el lugar de una orden de caballería, auténtica revelación en su época, que ha hecho correr verdaderos ríos de tinta: la Orden del Temple. Ni qué decir tiene, que todo lo relacionado con ellos, con los templarios o milites templi, despierta enseguida un interés inusitado, pues numerosísimos son los autores y las obras que tienden a considerarlos como depositarios de secretos y tradiciones arcaicas; custodios del Grial y el Arca de la Alianza (1) -recordemos los 'templeisen' del poema de Wolfram von Eschenbach-; los creadores del mito del Preste Juan -teoría ésta última de reciente cuño- o los precursores, adelantándose a Cristóbal Colón varios cientos de años, del descubrimiento del Nuevo Mundo, de cuyas minas -poco menos que vírgenes- obtenían el oro y la plata con los que engrosar su ya de por sí exhorbitante fortuna, la cual diera origen a multitud de leyendas acerca del origen y destino de su fabuloso tesoro, comparable, al menos sobre el papel, al que se apropió el héroe Sigfrido, de los mitos nórdicos, arrebatándoselo a sus celosos custodios: los Nibelungos.
Asociados a ellos, como así parecen indicar numerosas referencias, parece ser que hubo, también, un misterioso gremio de canteros, conocidos como 'los Hijos de Salomón', algunas de cuyas improntas se pueden rastrear en base a símbolos tales como la denominada 'pata de oca' o la estrella.
Con respecto a la marca de la 'pata de oca', oportuno es reseñar, que no existe rastro de ella en las piedras de la iglesia de San Pedro ad Vincula. Al menos en su exterior. Pero sí se la localiza, y en proporciones considerables, en los muros del Santuario de Nuestra Señora de la Peña, situado en la cercana población de Sepúlveda. En dicho lugar, es posible encontrar, también, evidencias del Temple -a juzgar por varias cruces, grabadas, también, en sus muros-, y de justicia es añadir, así mismo, que posee un pórtico de entrada único en su género, donde es posible encontrar diversas referencias mítico-religiosas.
Sin embargo, la cosa cambia con respecto al otro símbolo que comentábamos anteriormente: la estrella.
En forma de pentáculo o estrella de cinco puntas, la iglesia románica de San Pedro ad Vincula es pródiga en demostraciones de este símbolo. De hecho, se le puede localizar en solitario y en grupos. Ahora bien, justo es poner de manifiesto una de las mayores dificultades con las que se encuentra el investigador, que no es otra, que la complicación que conlleva certificar la época en la que fueron grabados.
Esto parece menos complicado a la hora de suponer un origen correlativo a la fecha de la construcción del templo, si nos fijamos en dos curiosas marcas de cantería, situadas cerca del ábside, y para más señas, al lado de una inscripción -en la que todavía resulta legible, al menos, el nombre de José Antonio- y cuyo origen hay que buscarlo en 1936 o épocas posteriores a la contienda civil española. A este respecto, cabe reseñar las numerosas iglesias que mantienen entre sus muros inscripciones conmemorativas del Alzamiento, así como los nombres y apellidos de los caídos por el bando Nacional.
Lejos de cualquier tipo de partidismo político, que desde luego no viene al caso, las marcas a las que nos referíamos anteriormente, no dejan de tener ciertas singularidades que, en base a su forma, pueden constituir todo un enigma a la hora de intentar desvelar su significado y que se pueden encontrar también -al menos su semejanza resulta asombrosa- en el ábside de la iglesia románica de San Pedro, en el pueblo abandonado de Villacadima, dentro de los límites de la vecina provincia de Guadalajara.
Dispuestas en paralelo, semejan dos suelas de zapato, que inducen a pensar en un gremio -el de los zapateros- que no parece, a priori, tener relación alguna con el lugar, y por supuesto, con el gremio de los maestros canteros. A este respecto, oportuno es reseñar otro elemento -las tijeras- que inducen a suponer, también, en otro gremio ajeno -en ésta ocasión el de los sastres- y que se puede localizar en iglesias de otras regiones de la Península, como, por ejemplo, en el pequeño pueblecito soriano de Bordejé.
En solitario, o en grupos, puede localizarse, así mismo, otro símbolo, 'jeroglífico' por más señas, que puede interpretarse como las iniciales 'A' y 'M' superpuestas, que podrían hacer referencia a las palabras 'Ave María' y denotar una advocación mariana en los canteros o en los maestros constructores.
Símbolo, por otra parte, que se puede localizar coronando los retablos de numerosos altares, como el que se puede contemplar en la ermita hispano-visigoda de la población soriana de Pedro, fechada en el siglo VII, donde, en el pasado mes de octubre, comenzaron trabajos de índole arqueológica, cuyos descubrimientos y conclusiones, no dudo serán interesantes si algún día llegan a ser publicados y puestos al alcance del público en general.
Solo resta, como colofón a la presente entrada, recomendar al investigador; al curioso; al amante del románico o, simplemente, al excursionista, una visita a la población segoviana de Perorrubio y sus alrededores, en la seguridad de que, aunque el misterio no les guiñe el ojo, sorprendiéndoles, sí lo hará, al menos, la belleza intrínseca del lugar. Lo cuál, por otra parte, no deja de ser siempre un aliciente que hace bueno el dicho de Antonio Machado: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'.
(1): Para mayor información sobre la relación entre los templarios y el Arca de la Alianza, se recomienda la lectura del libro 'Los templarios y el Arca de la Alianza', Graham Phillips, Editorial Planeta, 2007.
http://www.grahamphillips.net/

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