jueves, 22 de diciembre de 2016

El ex-convento franciscano de Ayllón


Aunque parcialmente arruinado y situado a las afueras de Ayllón, siendo no obstante visible desde esa carretera general que dejando a la derecha el desvío a Aranda de Duero continua hacia esos paraméricos valles anegados por las melancólicas aguas del pantano de Linares y la mediática naturaleza adyacente a ese medieval pueblecito de Maderuelo, el antiguo convento de San Francisco es otra caries de gigante –metafóricamente hablando-, que nos plantea, cuando menos, sorprendernos con una arquitectura muy particular, la franciscana, que en mayor o en menor grado de conservación, todavía mantiene enigmáticos elementos, dignos de admiración, como aquellos que se pueden apreciar allende los Caminos de peregrinación que confluyen en la brumosa Galicia. Un buen ejemplo de ello, serían el convento betanceiro de San Francisco, o la antigua iglesia conventual –actualmente, bajo la advocación de San Pedro y parcialmente reconvertida en museo-, situada en la capital lucense, a escasos metros de la Rua Nova y el casco histórico y en las proximidades de la catedral. Al contrario que los edificios anteriormente mencionados –quizá sea interesante y anecdótico precisar, que el convento betanceiro se construyó donde se supone que los templarios tenían una iglesia que formaba parte de las posesiones que permutaron en 1251 con el rey Alfonso X, por algunos territorios en Zamora-, la novedad, con respecto a estas venerables ruinas franciscanas de Ayllón, es que se supone –y al parecer, existió una antigua tradición que así lo aseguraba- que fue fundado por el propio Patriarca de la Orden, durante el viaje que realizó a España entre los años 1213 y 1215, denominándose por tal motivo a ésta santa casa –tal y como reza, cuando menos, la inscripción que se aprecia en la fachada principal, por encima de la hornacina en forma de concha (1), que alberga la imagen del santo titular-, como la Jerusalén de España. Actualmente, propiedad privada, conserva, parcialmente en buen estado –según rezan los carteles informativos-, la iglesia, que fue oportunamente consolidada y se asevera que bellamente ajardinada. Parte de lo que en su momento conformara un valioso patrimonio histórico-artístico, se repartió por algunos de los templos de Ayllón y de Riaza: como el Retablo Mayor y otro retablo importante que se localizaba en la capilla sur.

Dada su condición de edificio privado, no puedo afirmar si dentro de los elementos decorativos de la iglesia y tal y como se puede constatar en los templos franciscanos de Lugo y Betanzos, anteriormente reseñados, figuran dos símbolos de interesante trascendencia: la pentalfa o estrella renfam y el Sello de Salomón. Sí sobreviven, también en la fachada principal, algunas interesantes referencias a los cuatro Evangelistas. En este lugar, fueron enterrados personajes notables de la época, entre quienes figuraba Don Juan Pacheco de Luna, nieto de Don Álvaro de Luna, personaje singular, de algún modo arrimado al Temple y de cuyo tesoro, inencontrado, se refieren numerosas leyendas en el cercano pueblo de Maderuelo.

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(1) Barroca y similar, comparativamente hablando, al Nacimiento de Venus, de Bottichelli.

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