miércoles, 9 de enero de 2008

Villaseca: iglesia románica de Santo Tomás



Considerado por algunos como 'un pequeño barrio de Sepúlveda', el pueblecito de Villaseca se encuentra situado entre las poblaciones de Castrillo de Sepúlveda y Sebulcor. Es precisamente de aquí, y partiendo de un camino rural que comienza en la esquina donde se levanta la iglesia de Santo Tomás, como se puede llegar -si no se tiene miedo al polvo del camino- a las hoces del río Duratón y el sorprendente Priorato de San Frutos, situado, aproximadamente, a 4 kms.
De testero recto, galería sobre pilares y canecillos lisos -a excepción de uno, en el que se puede apreciar un óvalo perfecto ejecutado en la piedra, frente al que se tiene la impresión de que en su día soportó algún objeto, quizás alguna figura con un mensaje determinado- la iglesia de Santo Tomás puede pasar perfectamente desapercibida para aquellos que vayan buscando un estilo románico más espectacular, como el que se puede encontrar en muchos lugares de la provincia, entre los que se pueden citar la iglesia de Duratón, la de Perorrubio o la de Requijada, pueblo este superviviente de los tres que antiguamente formaban el Concejo de las Vegas. No obstante, y en contra de lo que pudiera parecer a simple vista, el buscador de señales, de enigmas simbólicos o simplemente de marcas de cantería hallará, sin duda, indicios suficientes como para detenerse en su excursión hacia San Frutos y echar tranquilamente un vistazo.
Observará, intrigado, que donde más abundan es en la zona del ábside. En algunas partes, le parecerá estar observando extraños garabatos, superpuestos los unos a los otros, dando la impresión de que el tallador hubiera enloquecido, dedicándose a arañar la piedra con su cincel. Junto a estos, y más acordes con el simbolismo tradicional, encontrará símbolos que le recordarán inmediatamente los observados en numerosos templos: líneas en zig-zag, como formando 'zetas' perfectas -de copyright anterior a la marca personal del conocido personaje de José Mallorquí-, cruces, incluso alguna pentalfa, 'equis', flechas, así como agujeros, hechos, evidentemente por algún motivo desconocido. Si es observador, verá, también, un símbolo griálico de idéntica factura y dimensiones muy aproximadas, a los dos que se pueden contemplar, a su vez, en el ábside de la iglesia románica de Nª Sª de la Asunción, en Duratón.
Una vez examinada la zona del ábside -detrás queda el pequeño cementerio- y situado junto a los pilares del pórtico de entrada, que soportan unos capiteles completamente lisos, observará cierta cantidad de estrellas de ocho puntas, encerradas bien en círculos bien en cuadrados, e incluso círculos divididos en cuatro partes iguales, cuyo simbolismo alquímico probablemente haga referencia a los cuatro elementos básicos: aire, fuego, agua y tierra.
Sin posibilidad de visitar su interior -al menos hasta el momento de escribir la presente entrada- poco más se puede añadir de ésta iglesia que, situada enfrente de dos antiguas casas en ruinas, sugiere una despoblación en aumento que, sin embargo, puede contradecirse con el Centro de Interpretación de la Naturaleza y el hotel situados hacia el interior, este último, al parecer, dotado de todas las comodidades.
Reseñar por último que, aunque el verdadero atractivo se encuentre a unos kilómetros de distancia, la experiencia me ha enseñado a que nunca está de más dejarse llevar por la curiosidad y aunque a priori la construcción no resulte atractiva, puede resultar conveniente aceptar el consejo de un amigo y detenerse para echar un vistazo. Por regla general, las sorpresas suelen encontrarse en los lugares más insospechados, y, curiosamente, en los que más a la vista están.

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