viernes, 27 de mayo de 2016

Madrona: iglesia de la Virgen de la Cerca


Muy reformada también, aunque no tanto como para no observar con cierto interés aquellos sublimes elementos que sobreviven de su fábrica original, la cual podríamos remontar a finales del siglo XII o principios del siglo XIII, la iglesia parroquial de Madrona, dedicada a la Virgen de la Cerca, nos ofrece, así mismo, detalles cuando menos suficientes para arrogarnos el derecho a la especulación. Especulando, pues, de manera objetiva o subjetiva, según se mire, resulta interesante, no obstante, observar la proliferación de templos dedicados a la figura mariana –que, aunque Madre de Dios, apenas se la dio importancia en los primeros tiempos del Cristianismo-, que proliferan por esta parte occidental de la geografía segoviana, colindante con Madrid. Este detalle, que puede parecer intrascendente en un principio, nos da pie, sin embargo, para especular con una posible suplantación de deidades de índole matriarcal, que posiblemente proliferaran en el entorno, antes de la llegada de la Nueva Religión.

Cerrada a cal y canto por una semirotonda pétrea, el templo todavía conserva, en aceptable estado, parte de su hermosa galería porticada, en la que, si bien los motivos de los capiteles denotan una austera composición foliácea, no ocurre lo mismo, curiosamente, con la rica imaginería desplegada en las motivaciones de los canecillos y las metopas. Tanto unos como otras, nos ofrecen unas composiciones plenas de referencia solares, donde no faltan, diestramente esculpidos, nudos, polisqueles, soles y cruces patadas conformadas por zarcillos. A estos motivos, habría que añadir las múltiples referencias que se aprecian, así mismo, a unos personajes muy representativos del estamento medieval: frailes y milites. Otro detalle interesante, es la mano creadora que sostiene una cruz; una cruz en la que, casualmente, sobreviven restos de pintura roja. Este símbolo de la mano –arquetipo universal, que ha acompañada la aventura humana desde la época prehistórica, como así se constata en numerosas cuevas-, se localiza en templos cercanos, aunque sin el objeto crucífero, como puede ser el de la ermita de la Virgen del Soto, en la vecina población que lleva el mismo nombre que una importante necrópolis situada en tierras burgalesas, no muy lejos del nacimiento del río Arlanza: Revenga.

No obstante, si de similitudes hablamos, y en base a la comparación de motivos y ejecuciones, existe una sorprenden similitud con lugares como Peñasrrubias de Pirón –ermita de la Virgen de la Octava- y Torrecaballeros –iglesia de San Nicolás de Bari-, como para suponer, cuando menos, la influencia no ya de un determinado cantero, sino por el contrario, de un determinado taller asentado en la zona. Sobre ésta última población y su iglesia de San Nicolás de Bari, emplazada al pie de la carretera nacional 110 que conecta Soria con Segovia, existen algunas referencias a aquéllos curiosos monjes-guerreros, entre cuyos estamentos figuraba aquél que afirmaba que su religión comenzaba y terminaba con Nuestra Señora: los templarios.



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