martes, 10 de diciembre de 2013

Cerezo de Abajo: sirenas y basiliscos



Hay constancia, de que antes del año 1247, el actual pueblo de Cerezo de Abajo era conocido como Cerezo de Yuso –que quiere decir, de abajo también- siendo la opinión generalizada de los historiadores, que dicho topónimo hace referencia a la repoblación emprendida por los reyes hispanos a partir del siglo XI. Se sabe, así mismo, que en fecha tan temprana como el año 1076, los burgaleses cruzan la frontera del Duero y comienzan a establecerse en estos territorios, otorgándoles, de paso, los nombres de sus pueblos de origen. Por esas fechas, el rey Alfonso VI, confirma los fueros de Sepúlveda y dona al monasterio de Santo Domingo de Silos, lugares cercanos y de gran importancia histórica y artistica, como el Priorato de San Frutos, situado en las inmediaciones de Sepúlveda, en pleno corazón de las Hoces del Duratón o, como se denominaba hasta tiempos relativamente recientes, el desierto del Duratón. Su situación, a un lado de esa autovía del Norte que atraviesa la Meseta como una infinita anaconda, hace de Cerezo de Abajo un pueblo relativamente bien comunicado y de fácil acceso. De su riqueza artística, cabe destacar la iglesia de San Román, donde se puede admirar una, cuando menos curiosa portada románica, que pone los pelos de punta por el grotesco bestiario fantástico que exhibe. Si bien es cierto, que dicha portada no es originaria del lugar, sino que procede de la cercana población de Mansilla –posiblemente, de su iglesia, dedicada a la figura del Evangelista San Marcos, muy transformada también en la actualidad-, exhibe interesantes detalles que merece la pena descubrir.
De esta puerta sobria pero equilibrada, utilizando palabras de David de la Garma Rodríguez (1), además de esas espeluznantes y maléficas alusiones al pecado, que conllevan un puntual aviso a los peligros que esperan a aquéllos que se aparten de una vida recta, estrictamente determinada por las severas recomendaciones de la Santa Madre Iglesia, hay algunos detalles añadidos que merecen la pena referenciarse también. Por eso, junto a las parejas de sirenas de doble cola, grifos de ambivalente significado, fieros leones y terribles basiliscos de mirada mortal, se pueden observar otros interesantes detalles que, no obstante corrientes y profusamente utilizados en la imaginería simbólica medieval, tienen en la presente portada, cuando menos, una curiosa distribución y relevancia. Esto se hace patente en la arquivolta principal, donde se aprecia un interesante y doble entrelazado vegetal que, aparentemente adquiere la forma de una continua sucesión de símbolos del infinito, en la parte central de cuyas elipses, el artista cantero introdujo, como motivo principal, esa referencia a la unión y la inmortalidad, que es la piña. Interesantes, aunque comunes también, son las rosetas, de marcado carácter oriental, que se aprecian como motivo definido de otra arquivolta, situada por debajo de la arquivolta mediana, cuyo entrelazado, por alusión y comparación, se ha convenido en denominar como jaqués. Completan las referencias artísticas, dos capiteles empotrados en el muro, por encima del pórtico. Muestra el de la izquierda un águila, símbolo solar y de poder, cuyas garras mantienen apresada a una liebre, animal terrestre y por añadidura, considerado como impuro en culturas bíblicas como la hebrea. El capitel de la derecha, por último, representa lo que, a juzgar por sus características, podrían ser dos guerreros enfrentados, temática característica, así mismo, de una época, la medieval, donde las luchas y enfrentamientos ocupaban un lugar privilegiado en la historia social de los pueblos.

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(1) David de la Garma Rodríguez: 'Rutas del románico en la provincia de Segovia', Castilla Ediciones, 1998, página 123.

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