miércoles, 15 de enero de 2014

El románico perdido de Fresneda de Sepúlveda


Cercano a poblaciones como Duruelo, Sotillo, Duratón y Perorrubio, en cuyos haberes, al menos éstas tres últimas cuentan con parroquias que pueden definirse como del mejor románico de la zona (1), Fresneda de Sepúlveda y su derruida parroquial constituyen el testigo mudo, pero visible, del terrible drama de la despoblación, que como una peste negra señala el estado de numerosos asentamientos rurales, repartidos por las diferentes comunidades autónomas del país. Si bien un simple vistazo señala que la iglesia parroquial de Fresneda no fue, ni siquiera en sus comienzos, uno de los ejemplares más brillantes del arte románico de la provincia, no por ello, a juzgar por los escasos restos sobrevivientes, debería interesarnos menos, pues dentro de su faceta de templo eminentemente rural, debió de tener cierta entrañable esbeltez. De esa faceta primitiva, apenas sobrevive, y en pésimo estado de conservación, la portada sur, la espadaña y los escalones de piedra que conducen a ésta. Limpia de capiteles, entre los motivos ornamentales que aún se conservan, destacan aquellos de tipo foliáceo, además de otro interesante motivo que muestra un entrelazado celta formando una cruz, y que se repite a lo largo de la arquivolta principal. Motivo que, por añadidura, se localiza en algunos templos tanto románicos como suevos o visigodos, siendo el ejemplo más relevante, el de la iglesia del que fuera monasterio de San Esteban de Atán, en la parte lucense de la Ribeira Sacra. Como ejemplo más cercano, comentar que este motivo se localiza también, reutilizado como elemento de relleno, en el lateral norte de la iglesia de San Miguel, en la población no excesivamente lejana de Arcones.
Por último, reseñar que de dichas reminiscencias de origen celta, queda constancia, al igual que en el cercano pueblo de Barahona que vimos en la entrada anterior, del calificativo Fresneda, Fresno, árbol sagrado para los antiguos druidas y a la vez, determinante, en tiempos, del entorno.

 
(1) Los nombres de dichas parroquias son, respectivamente, la Anunciación de Nª Sª, la Asunción y San Pedro Ad Vincula.

miércoles, 8 de enero de 2014

Barahona de Fresno: iglesia de San Cristóbal



Dentro del entorno cercano a Castillejo de Mesleón, ambos Cerezos –el de Arriba y el de Abajo- y esa impresionante vía de comunicación que conecta la Meseta con el Norte, hay una variada serie de pequeñas poblaciones que todavía conservan interesantes elementos románicos, con mayor o menor grado de entereza, que merece la pena conocer. Una de tales poblaciones, es Barahona de Fresno y su iglesia románica, dedicada a una figura muy poco ortodoxa del santoral, como es la del gigante San Cristóbal. A pesar de que la estructura eclesial original ha sufrido algunas modificaciones a lo largo de su historia, quizás la principal de todas ellas, estribe en la inclusión de un porche ciego en su lado sur, que oculta la portada y de hecho, la entrada principal al templo. Situada a pie de carretera –en realidad, ésta atraviesa el pueblo, separándolo en dos mitades-, la iglesia de San Cristóbal muestra todavía interesantes elementos ornamentales, cuya reseña se podría comenzar a detallar llamando la atención sobre las numerosas marcas de cantero que se localizan en la cabecera o zona absidal. Su principal característica es que, fuera de lo que solía ser corriente en la época –aproximadamente, siglo XIII-, tienen un tamaño considerable, que llama inmediatamente la atención. Éstas incluyen, en su forma, estrellas de ocho puntas, las típicas A con forma de compás, haches, triángulos y alguna otra con forma de T o tau.

La parte más relevante, cuya temática y elementos conectarían –comparativamente hablando-, con temáticas que, si bien no son extrañas dentro del románico en general, sí resultan, quizás, más corrientes y populares dentro de lo que se podría encuadrar como el románico del norte, sería aquella en la que el erotismo de las figuras desarrolla una desvergonzada desproporción, sobre todo en referencia a las falos de los individuos, que recuerda, grosso modo, aquellos que se localizan especialmente en la famosa colegiata cántabra de San Pedro de Cervatos. Junto al tema erótico, aunque con menor presencia, el resto de canecillos presenta un cariz eminentemente antropológico, que muestra diferentes rostros característicos de la época, entre los que quizá destaque el de la mujer con el tocado medieval que le recubría la cabeza por completo, típico de las doncellas y nodrizas; la visión de los monjes, con el Libro Santo abierto entre las manos, cuyo mensaje de oración y recogimiento contrasta con los rostros animaloides y demoníacos, representativos, generalmente, de la lujuria y el pecado a los que tan cerca se encontraban los personajes, también representados aquí, del mundo de la farándula, como músicos y bailarinas. Por último, reseñar ese tema recurrente y abundante en el románico, en el que los canteros referencian esa división entre siervos y señores, representada por el montero, haciendo sonar el cuerno para levantar las piezas y con un perro a sus pies, que nos introduce en el tema cinegético, reservado exclusivamente para reyes y nobles.


sábado, 21 de diciembre de 2013

Castillejo de Mesleón: Nª Sª de la Asunción


En las afueras del entorno urbano de Castillejo de Mesleón, enclavada en un hermoso valle y a escasos metros de la Autovía del Norte y su importante trasiego de vehículos, la impresionante mole de la iglesia románica de Nª Sª de la Asunción llama, aún ya en la distancia, la atención del viajero. Se trata de un edificio del siglo XIII, y aunque se encuentra actualmente muy modificada, todavía conserva elementos de interés, así como una elegante prestancia. Éstos elementos se refieren, principalmente, a la cabecera, si bien los detalles ornamentales mantienen una sobriedad típica cisterciense, no habiendo sido, en su conjunto, respetados por el tiempo y la erosión y tampoco por cierto párroco, de nombre Miguel González Rodrigo quien, en 1689, realizó un completo desaguisado, destruyendo el ventanal central. Tiene adosado, en su lateral norte, el pequeño cementerio municipal, mientras que del lado sur, hoy día totalmente cubierto, bien se pudiera hipotetizar sobre la posible existencia, en origen, de una galería porticada, muy similar, por ejemplo, a la de Requijadas y su iglesia dedicada a la figura de la Virgen de la Vega. Oculta, pues, a la vista, queda la portada original, de cinco arquivoltas y cuatro capiteles que, según  algunas fuentes (1), muestran el martirio de los inocentes, arpías, probablemente a Sansón luchando con el león y otra escena de guerreros. En la parte oeste, y acompañando a la impresionante espadaña, se aprecia, así mismo, una torre semicircular, cuya presencia puede indicar la posibilidad, muy corriente en las épocas de inestabilidad y reconquista en las que se levantaron sus cimientos, de que el templo cumpliera, además, la secundaria función de fortaleza. A pesar de todo, continúa siendo un elemento destacable del románico segoviano, y justamente declarada Monumento Histórico Artístico. 


(1) David de la Garma Ramírez: 'Rutas del románico en la provincia de Segocia', Ediciones Castilla, 1998, páginas 119 a 121.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cerezo de Arriba: iglesia de San Juan Bautista


De similares cuando no idénticos orígenes que su homóloga de Abajo, Cerezo de Arriba es otra población, cercana también a esa Autovía del Norte que atraviesa la Meseta, en cuyo templo histórico, dedicado a la emblemática figura de San Juan Bautista, aún sobreviven interesantes elementos de orígenes netamente románicos, independientemente de que el conjunto del templo esté muy modificado. Dichos elementos se localizan, principalmente, en la cabecera o zona absidal; y como era común en el estilo artístico y religioso de la época -siglos XII y XIII-, conforman un auténtico laberinto de alusiones a la rectitud y el pecado, especialmente elaborados para mantener a raya a un pueblo que, aunque analfabeto, todavía conservaba, no obstante, una apertura mental suficiente para entender el lenguaje primigenio del símbolo. Por eso, además de las típicas referencias foliáceas -alusivas, en muchas ocasiones, al sentido de Paradisum que se daba a la naturaleza, y en consecuencia, a los jardines-, las rosetas de origen oriental y los entrelazados celtas, no es difícil volver a encontrarse con esos elementos mitológicos que personificaban la malicia y, por defecto, los malos hábitos y el pecado. Entre ellos, y como en el caso de la parroquial de Cerezo de Abajo, son notables las sirenas de doble cola -en algunos templos de Palencia y Cantabria, esta misma personificación de la lujuria se muestra con el sexo a la vista-, y las arpías, arquetípica representación, de hecho, de las primigenias sirenas. Grifos y basiliscos, también forman parte del repertorio principal, que se localiza, precisamente, en las piezas mejor conservadas: los ventanales del ábside. Se supone, que el taller que levantó esta iglesia de San Juan Bautista, participó también en las de Castillejo de Mesleón y Languilla.

martes, 10 de diciembre de 2013

Cerezo de Abajo: sirenas y basiliscos



Hay constancia, de que antes del año 1247, el actual pueblo de Cerezo de Abajo era conocido como Cerezo de Yuso –que quiere decir, de abajo también- siendo la opinión generalizada de los historiadores, que dicho topónimo hace referencia a la repoblación emprendida por los reyes hispanos a partir del siglo XI. Se sabe, así mismo, que en fecha tan temprana como el año 1076, los burgaleses cruzan la frontera del Duero y comienzan a establecerse en estos territorios, otorgándoles, de paso, los nombres de sus pueblos de origen. Por esas fechas, el rey Alfonso VI, confirma los fueros de Sepúlveda y dona al monasterio de Santo Domingo de Silos, lugares cercanos y de gran importancia histórica y artistica, como el Priorato de San Frutos, situado en las inmediaciones de Sepúlveda, en pleno corazón de las Hoces del Duratón o, como se denominaba hasta tiempos relativamente recientes, el desierto del Duratón. Su situación, a un lado de esa autovía del Norte que atraviesa la Meseta como una infinita anaconda, hace de Cerezo de Abajo un pueblo relativamente bien comunicado y de fácil acceso. De su riqueza artística, cabe destacar la iglesia de San Román, donde se puede admirar una, cuando menos curiosa portada románica, que pone los pelos de punta por el grotesco bestiario fantástico que exhibe. Si bien es cierto, que dicha portada no es originaria del lugar, sino que procede de la cercana población de Mansilla –posiblemente, de su iglesia, dedicada a la figura del Evangelista San Marcos, muy transformada también en la actualidad-, exhibe interesantes detalles que merece la pena descubrir.
De esta puerta sobria pero equilibrada, utilizando palabras de David de la Garma Rodríguez (1), además de esas espeluznantes y maléficas alusiones al pecado, que conllevan un puntual aviso a los peligros que esperan a aquéllos que se aparten de una vida recta, estrictamente determinada por las severas recomendaciones de la Santa Madre Iglesia, hay algunos detalles añadidos que merecen la pena referenciarse también. Por eso, junto a las parejas de sirenas de doble cola, grifos de ambivalente significado, fieros leones y terribles basiliscos de mirada mortal, se pueden observar otros interesantes detalles que, no obstante corrientes y profusamente utilizados en la imaginería simbólica medieval, tienen en la presente portada, cuando menos, una curiosa distribución y relevancia. Esto se hace patente en la arquivolta principal, donde se aprecia un interesante y doble entrelazado vegetal que, aparentemente adquiere la forma de una continua sucesión de símbolos del infinito, en la parte central de cuyas elipses, el artista cantero introdujo, como motivo principal, esa referencia a la unión y la inmortalidad, que es la piña. Interesantes, aunque comunes también, son las rosetas, de marcado carácter oriental, que se aprecian como motivo definido de otra arquivolta, situada por debajo de la arquivolta mediana, cuyo entrelazado, por alusión y comparación, se ha convenido en denominar como jaqués. Completan las referencias artísticas, dos capiteles empotrados en el muro, por encima del pórtico. Muestra el de la izquierda un águila, símbolo solar y de poder, cuyas garras mantienen apresada a una liebre, animal terrestre y por añadidura, considerado como impuro en culturas bíblicas como la hebrea. El capitel de la derecha, por último, representa lo que, a juzgar por sus características, podrían ser dos guerreros enfrentados, temática característica, así mismo, de una época, la medieval, donde las luchas y enfrentamientos ocupaban un lugar privilegiado en la historia social de los pueblos.

 
(1) David de la Garma Rodríguez: 'Rutas del románico en la provincia de Segovia', Castilla Ediciones, 1998, página 123.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Sotosalbos: visitando las interioridades de San Miguel Arcángel



Posiblemente, si se tuviera que determinar un referente sobre el denominado románico del Pirón, el templo de San Miguel Arcángel, de Sotosalbos, estaría a la cabeza de una serie de lugares, en los que las hermandades medievales de canteros dejaron una impronta muy particular. Situado en las proximidades del puerto de Malangosto, Sotosalbos se complace en recordar, a todo visitante que llega al pueblo atraído por las excelencias artísticas de su iglesia, al que fuera el más famoso de todos los párrocos que ejercieron aquí su ministerio: el Arcipreste de Hita, aquél que, en su conocido Libro de Buen Amor, y dejando aparte muchas otras exquisiteces, ensalzaba la frescura y belleza de las mujeres serranas del lugar.
Declarada Monumento Nacional el 17 de mayo de 1973, opinan los expertos que en su factura y ejecución, se localizan dos fases constructivas bien diferentes: una primera fase, relativa a la cabecera, cuya forma de herradura sugiere unos inicios prerrománicos referidos al siglo XI, y otra fase posterior, o segunda que, basándose en la torre de tres cuerpos, la galería porticada y el resto de la nave, se remontaría a las postrimerías del siglo XIII.

Por otra parte, y en base a la gran y variada riqueza ornamental de los capiteles de su pórtico, las numerosas series de canecillos y el singular número de metopas, no sería una exageración, en modo alguno, considerar a este templo como una microcósmica enciclopedia pétrea en la que, como era costumbre en la época, se alternan no sólo unos conocimientos geométricos extraordinarios, sino también toda una amplia gama de situaciones de índole antropológica que reflejan, de una manera genuina, el mundo religioso, político y social que caracterizó a esa apasionante época de luces y oscuridades, que fue la Edad Media. Creencias que, una vez observadas, tanto individual como colectivamente, nos ofrecen en bandeja la conclusión de que, después de todo, y hogueras filosóficas aparte, nada fenece, sino que se integra, haciendo bueno el axioma científico que, aún referido a la materia pero extrapolado aquí a la religión, nada se crea ni se destruye, sino que tan sólo se transforma. Fácil, por tanto, resulta observarlo en la mezcolanza de elementos que hace una inequívoca referencia a culturas anteriores; culturas que, al fin y al cabo, no fueron totalmente erradicadas por el avance incontenible del Cristianismo, como podría ser la celta, sin perjuicio, tampoco, de aquéllas otras influencias de carácter oriental que fueron también asentándose en la Península siguiendo los ciclos imparables de la Historia.
Como la gran mayoría de iglesias de su género, también el interior de la iglesia de San Miguel Arcángel (1) constituyó, en tiempos, una pequeña Capilla Sixtina, a juzgar por los restos que conserva en su cabecera, de lo que fue un magnífico Pantocrátor, donde se perciben esas influencias orientales en el toro alado representativo de San Lucas. También la imaginería medieval tiene un amplio protagonismo, por lo que se puede decir que, aparte de las excelentes en origen aunque no muy bien conservadas tablas góticas que representan a conocidos profetas bíblicos –como Isaías y Jeremías y alusiones a las Virtudes Cardinales, donde los expertos barajan como posible autor a Nicolás Francés-, en el templo se localiza una magnífica talla, probablemente gótica también, de la Virgen de la Sierra, Patrona del lugar. Una talla que, además de guardar las características sedentarias y hieráticas de sus antecesoras, muestra un genuino referente en el higo que muestra en su mano derecha, fruto simbólico que hace referencia al Árbol del Paraíso, de la Ciencia o del Bien y del Mal, que genera también cierta controversia con la manzana tradicional. Igualmente, la imagen de San Miguel, sojuzgando al diablo –o a la antigua serpiente-, muestra, en su factura, esa delicadeza gótica, cuidadosa en los detalles, que comenzaba a servir de antesala para la posterior perfección renacentista. Relevante, así mismo, resulta la presencia de santos y santas inequívocamente relacionados con diferentes aspectos del misterio y el conocimiento: Santa Lucía, San Antón, San Roque y San Sebastián.

En definitiva, la iglesia de San Miguel Arcángel de Sotosalbos constituye, después de todo, una apasionante aventura histórico-artística al alcance de la mano, sobre todo en época estival y otras grandes festividades, cuando su apertura supone uno de los principales atractivos de la región.

 
(1)    Curiosamente, se observa también un antagonismo angelical entre los dos principales arcángeles, Miguel y Gabriel, siendo su ámbito de influencia o de protagonismo, el Cristianismo y el Islam, respectivamente.

lunes, 15 de octubre de 2012

Próxima parada: la Festividad de San Frutos


El próximo día 25 del presente mes de octubre, tendrá lugar en la provincia de Segovia, la tradicional festividad en honor de su Santo Patrón, San Frutos. Una festividad que, en la correspondiente romería, es de preveer que congregará a una enfervorecida multitud de personas, que acuden  a este denominado desierto del Duratón y a las ruinas de su antiguo priorato, con la mente abierta y la fe puesta en las virtudes telúricasy terapéuticas del lugar, para perpetuar un curioso ritual, cuya memoria es obvio que se ha perdido en las oscuras páginas de la Historia, pero no en ese digno almanaque puntual que es la sabiduría popular. Una festividad con cierto tufillo heterodoxo y a la vez templario, que rinde culto y homenaje, también, a las cabezas de los hermanos del Patrón, San Valentín y Santa Engracia.
Allí, pasando a través del pórtico románico de la iglesia -en cuyos capiteles superiores, algunos ven ojos isíacos- accederán a un lugar en el que el mensaje de los capiteles -demasiado bajos, observaran también, como si el suelo los hubiera ido tragando por la base con el transcurrir incansable de los años- les llamará la atención y al lado contrario de esa referencia oriental que son los monos, tal vez se fijen en un curioso personaje que, con un báculo en su mano derecha y un libro abierto en su mano izquierda, les observa impertérrito desde su universo de piedra. Habrá quien piense, y quizás no le falte razón, que se trata de una representación del Magister Muri; es decir, de aquel sabio personaje que supo entender el mensaje divino de peso, medida, equilibrio, proporción y armonía que haría del lugar algo más que un templo: una máquina perfecta, no sólo para alimentar el espíritu, sino también capaz, aprovechando las cualidades telúricas del lugar, como ya he dicho, de sanar, bajo determinadas condiciones, ese otro templo, quizás menos elegante, pero también divino, que es el cuerpo humano. Aunque yo prefiero pensar que, según la leyenda, se trata del propio San Frutos, quien, al pasar la última página del libro, advertirá, fatalmente, del fin del mundo, que no sólo los mayas fueron hábiles calendaristas y profetas.
Pero tal vez, la famosa Piedra que se oculta bajo el retablo de San Frutos, en una sala anexa, sea una pieza descabalada del primigenio engranaje. O quizás, tan sólo se trate de la base de un primitivo altar; o esa piedra angular, común a todo templo, semejante a los lingams de los templos hindúes, que sería la piedra fundacional, aquélla sobre la que se edificará mi iglesia. O, vaya usted a saber, a lo mejor, sólo era el asiento donde se sentaba el Magister para controlar el avance de los trabajos. Lo importante, en el fondo, no radica ya en el qué es, sino lo que el pueblo entiende que es. Y el pueblo, sabio, repito, entiende que la fe y esa piedra, pueden hacer milagros.


El pueblo busca lo que de manera ancestral y tradicional intuye -aún sin saber exactamente por qué-, que le puede ayudar y que la Iglesia y en muchas ocasiones los médicos, al fin y al cabo, no le pueden proporcionar. Lo sabe el abuelo que llega renqueante, con paso cansino y ayudándose de su bastón; sabe, con meridiana claridad -y aquí no interviene para nada, el demonio de la abulia que lleva casualmente este nombre de meridiano- que el pasar tres veces encorvado, con el pecho apoyado en la piedra, no le devolverá la juventud perdida, pero sí presiente que seguramente le aliviará de no pocos achaques. Lo sabe también aquel otro que acude con una enfermedad, a veces incurable, y marcha con una mejoría que a veces raya en lo milagroso.
Me pregunto, cuántos casos de este tipo no habrá, perdidos en el anonimato, ahora que ya las iglesias no admiten, salvo ermitas o santuarios muy puntuales, los tradicionales exvotos de agradecimiento en señal de una curación o mejoría. Lo sabe todo aquél que, abierta la veda por un día, recoge el perejil, aún cargado de rocío, que será un auténtico remedio, de esos de la botica de la abuela. Lo sabían los antiguos, que en lugares como éste elevaban sus templos a Diana...
No ha de resultar extraño, pues, que se observen exhuberantes colas de gente esperando turno para ritualizarse y renovarse, haciendo propio el adagio bíblico de que la fe mueve montañas. 


Por eso, aún adelantándome -y lo hago por motivos personales-, no dejo que pensar, en un momento en que la preocupación me desborda, precisamente en eso: en que la Fe mueve Montañas. Y desde luego, la Esperanza es lo último que se pierde.
Feliz romería y salud para todos.