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Vivencias de un caminante madrileño recorriendo los lugares más emblemáticos de la provincia de Segovia
sábado, 29 de noviembre de 2008
Ayllón: iglesia románica de San Miguel (Álbum Fotográfico)
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Ayllón: iglesia románica de San Miguel
[Juan Ignacio Cuesta: 'Viaje a la Castilla ancestral', Revista Año Cero, noviembre 2008]
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{}jueves, 27 de noviembre de 2008
Monumental Ayllón
[Matilde Asensi: 'Peregrinatio', Editorial Planeta, 2006]
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lunes, 24 de noviembre de 2008
Maderuelo
domingo, 23 de noviembre de 2008
Maderuelo: ermita de la Vera Cruz
[Juan García Atienza: 'En busca de la historia perdida', Ediciones Martínez Roca, 1983]
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¿Quién fue ese mago del pincel, ese Salvador Dalí medieval, que de forma anónima y probablemente ignorando que su trabajo despertaría la admiración del mundo siglos después de su muerte, pintó semejante maravilla en un siglo -el XII-y en una tierra convulsionada por los avatares de infinitas batallas encaminadas a reconquistar un país, siglos ha tomado poco menos que como un paseo militar, por los invasores árabes?. Se ignora. No obstante, y ateniéndonos a lo que podríamos denominar como 'la ley de las comparaciones razonables', algunos expertos, sospechan un origen decididamente italiano en este Maestro que, de similar manera a la sencilla humildad de la ermita que las cobijó hasta el año 1947, en que fueron trasladadas al Museo del Prado, ha pasado por la Historia poco menos que inadvertido.
En efecto, basándose en el estudio de la técnica, de los detalles y de los defectos observados en los frescos -esto hace plantearse la cuestión de que ni siquiera los genios son infalibles- los expertos tienden a identificar las manos de este anónimo autor, como las responsables, también, de los frescos que decoran el ábside de la iglesia catalana de Santa María de Tahull, situando el año de actuación en 1123, fecha en la que, al parecer, se consagró dicho templo.
De una u otra forma, no deja de ser asombroso el detalle de que, de igual manera que ocurre con la ermita de San Baudelio de Berlanga, tanta sencillez esconda tan grande y maravilloso tesoro. Por desgracia, las improntas de las pinturas se advierten con menor detalle en la ermita de la Vera Cruz que en la ermita de San Baudelio. Y aún así, no deja de ser toda una experiencia permanecer el tiempo suficiente en el interior de su pequeña capilla, e imaginársela en toda su gloria -a éste respecto, la réplica del Museo del Prado es poco menos que perfecta- salvaguardando el lignum crucis que, según la tradición, custodiaban con celo los hermanos del Temple, propietarios del lugar.
Una aventura, pues, que recomiendo y que continúa una vez atravesado el puente que se extiende sobre las aguas del embalse de Linares, y se accede al pueblo de Maderuelo, que a pesar de que el fantasma de la despoblación se cierne sobre sus calles, no deja de conservar gran número de secretos.
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